Cultura | Granada
Un divertido baño de humor popular sano y espontáneo
EL DELIRIO: La Serda Teatro. Dirección: José María Peña. Música: Juli Varo
Héctor E. Márquez
La Serda Teatro presenta en Granada su cuarto trabajo: El Delirio. En él, Richi y Silvio, unos albañiles que acaban de perder a sus respectivas parejas, se quedan toda la noche en la obra donde trabajan contándose las penas e intentando encontrar una solución para recuperar a sus mujeres. Su única compañía en el escenario serán la luna, un andamio, y la música de Juli Varo, interpretada en directo por Santiago Vargas y Ángel Expósito.
Como en toda pareja cómica, hay un personaje gracioso y otro muy gracioso, que en este caso se trata del histriónico Ignacio Andreu (Richi), quien encarna a un tierno (hiper)hipocondríaco que arranca carcajadas al público con tan sólo echarse a llorar y que, entre otras cosas, deberá disuadir a Silvio (Andrés Blanco) de sus múltiples intentos de suicidio. Ambos actores demuestran su versatilidad interpretando cómodamente cinco números musicales de corte pop, que dinamizan más que ilustrar una historia que no es tal, pues la obra se articula a partir de la yuxtaposición de gags y la exploración de lugares comunes, lo cual, en sí no es negativo, ya que es preferible hurgar en la identidad colectiva a partir de un tratamiento original del tópico que pretender la originalidad radical a costa de todo, incluso de la obra. Por ello, salvo algún que otro chiste efectivo pero prefabricado, el resto fue un divertido baño de humor popular sano y espontáneo, con hilarantes escenas absurdas como la conversación idéntica en paralelo al comienzo de la obra o el duelo con llanas y palustres, todo ello arropado por una iluminación al dente. Así, música, interpretación, coreografías que llenaban la escena e iluminación contribuyen a dotar a El Delirio de varios momentos muy conseguidos y cuasi cinematográficos.
Para acabar, quizá La Serda tendría que reflexionar un poco sobre el uso del acento andaluz, que desaparecía prácticamente en las canciones, (lo cual puede entenderse), pero también en la escena reflexiva del final (lo cual ya no se entiende tanto); y por pedir, ya que la compañía sevillana intenta introducir música en vivo en el espectáculo, sobran pistas secuenciadas y faltan músicos, pero ya se sabe, estamos en crisis.
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