Muchos somos los que desde la legislatura pasada y más exactamente desde que estalló la crisis mundial con tan graves repercusiones para España, venimos exigiendo la necesidad de un consenso de los dos grandes partidos para afrontar una situación que, si siempre fue grave, en los dos últimos años empezó a convertirse en un autentico drama nacional con una escalada del paro verdaderamente insoportable y un crecimiento que iba decayendo hasta la recesión. El entonces presidente Zapatero no supo o no quiso ver la presencia del lobo hasta que le avisaron de Bruselas y nunca sabremos sin entonces ZP intentó verdaderamente llegar a un acuerdo con el PP de Rajoy o sus ofertas eran gestos para la galería mientras pactaba más hipotecas carísimas con los nacionalistas. Volviendo la oración por pasiva, tampoco nunca sabremos si Rajoy decidió aguardar la más que previsible debacle socialista en lugar de echar una mano y “arrimar el hombro” como le pedían -insisto, no sé si de verdad o no- desde el PSOE.
Ahora estamos en las mismas pero al revés y con matices. Rubalcaba anunciaba que el lunes iba a llamar a Rajoy para consensuar una postura común de cara a la cumbre que mantendrán mañana los jefes de Estado y de Gobierno de la UE en Bruselas. La respuesta del PP a este envite más propio de una campaña electoral, ha sido la de que sí, que vale, que toman nota y que a ver cuando encuentran un hueco, un hueco imposible dado el calendario del Presidente que llegará de Chicago con el tiempo justo para ducharse y salir pitando camino de Bruselas.
Pero hay en la historia de esta llamada que nunca existió algunos elementos dudosos. El primero la boutade del propio Rubalcaba al asegurar en esa misma entrevista en la cadena SER que no tenía el número de teléfono de Rajoy; semejante tontería te hace sospechar que no va a ser fácil llegar a un consenso si empezamos ya con este tipo de frivolidades. En segundo lugar en el PSOE deberían saber perfectamente el calendario de Rajoy y que un encuentro de esa importancia entre los dos líderes, era imposible antes del miércoles europeo. Y en tercer lugar, y esto es lo más importante, es que si el Partido Socialista no quiso apoyar la Ley de Estabilidad Presupuestaria, pese a ser fruto de un acuerdo entre los dos partidos el pasado verano, no resulta muy creíble la repentina conversión de Rubalcaba en fiel aliado del Gobierno.
Pese a todo yo soy de los convencidos de que Rajoy debería sacrificar la ducha para atender el ofrecimiento del Rubalcaba en lugar de dar largas al asunto. Seguramente en esa conversación de urgencia no se llegaría a ningún acuerdo firme e incluso, posiblemente, no se llegaría ni siquiera a un mínimo consenso, pero tal y como está España, la obligación del Presidente es escuchar a la oposición. Y no sólo es su obligación sino que -entiendo- es lo que estamos exigiendo muchos españoles desde hace mucho tiempo. No sé si aún hay tiempo, pero una llamada se puede hacer hasta desde un avión de regreso a España.
A ver si nos aclaramos. El señor Valderas, que por ser coordinador de Izquierda Unida en Andalucía ha llegado a vicepresidente de la Junta, justifica los recortes de “su” gobierno (dos mil quinientos millones de euros del gasto) porque es una medida que había que acometer “sí o sí”. Pero para que todo cuadre y la cosa no sea tan evidente, el portavoz de esa misma IU en el Parlamento andaluz, cuestiona el recorte y se opone frontalmente. O sea, que IU puede terminar manifestándose contra IU, estando a un lado y a otro de la pancarta y aquí paz y después gloria. En este país hasta semejante inmoralidad empieza a resultar normal.
Y hablando de lo mismo, parece casi esperpéntico que los trabajadores de UGT se manifiesten contra la dirección de UGT que, parece ser, prepara una ERE para despedir a no pocos de los suyos porque es la única forma de mantener con algo de vida el sindicato/empresa en estos tiempos difíciles. Y ya el colmo es que quienes aplican el ERE se manifiesten contra el Gobierno que dice exactamente lo mismo que ellos pero en más grande.
Y el PP indignado con UPyD por el apoyo del partido de Rosa Diez a los socialistas en Asturias. Llegan a decir algunos diputados del partido de Génova en las redes sociales que “ya sabemos quién es Rosa Díez” o que al fin “se ha quitado la careta”. Pero esta gente ¿de qué va? En primer lugar el PSOE en Asturias ha sido el partido más votado y eso sería ya una razón suficiente. Pero es que, además, lo ocurrido y protagonizado por la derecha en el Principado ha resultado de vergüenza ajena. Y para rematar, convendría echar la mirada un poco hacia atrás y recordar las broncas -para mí sorprendentes- con que Rajoy responde siempre a la líder de UPyD en el Congreso. Parece que don Mariano prefiere tenerla de enemiga que de posible aliada y nadie sabe aun muy bien por qué. Allá él.
Y el número de la semana corresponde a ETA que sin que nadie le diga nada y sin motivo aparente que lo justifique, no se le ocurre otra cosa que nombrar una delegación “para llevar a cabo un diálogo directo con los gobiernos de Francia y España”. Y te imaginas a los dos gobiernos suspirando aliviados por esta concesión de los terroristas y apresurándose a ese “diálogo directo”. No ha pasado, claro; ni Francia tiene que dialogar nada con ETA ni jamás se prestaría a semejante cosa y España no está por la labor de otra cosa que no sea la entrega de las armas y la disolución. Antes se hablaba también de la palabra “perdón”, pero parece que ese extremo se olvida o al menos se aparca cuando se llega a Moncloa, no sé.
Resulta curioso cómo los medios han tratado en este aniversario -y trataron en su momento- el movimiento que hemos quedado de denominar como “15-M”. Mientras los más cercanos a la derecha arremetían contra é y aun sigue en ello, los de izquierda. o para ser mas exactos, lo más afines al PSOE, lo valoraron, de forma equivocada a mi ver, como una respuesta general contra el capitalismo sin hacer demasiado hincapié en que el PSOE, desde hace mucho tiempo, forma parte esencial de ese capitalismo se mire por donde se mire.
¿Pero qué fue y qué queda ahora de aquella manifestación popular? Todas las comparaciones son casi siempre imposibles porque los tiempos son distintos y las circunstancias también. Comparar para bien o para mal el 15-M con el Mayo del 68 es tan absurdo como establecer paralelismos entre el 15-M y las primaveras de Túnez, Egipto, Argelia etc. Cada tiempo tiene su razón y cada sociedad su por qué. Pero sí hay algo que puede unificar este tipo de movimientos: el desencanto moral o ético y la espontaneidad con la que nacen aunque luego sean grupos más o menos organizados los que intenten apoderarse de la situación.
Y el 15-M nació en la Puerta del Sol de Madrid y se extendió por muchas ciudades de nuestro país y hasta de Europa. Es cierto que fue degenerando, pero lo importante, yo creo, no es ver cómo acaba sino reflexionar sobre por qué comienza, de qué forma explota, qué ocurre para que miles de jóvenes y no tan jóvenes decidan volver a la utopía sabiendo como les ha enseñado la Historia que la imaginación nunca llegará al poder y que debajo de los adoquines no hay playa sino especulación. Pese a todo, querer pasar página y negar la importancia de aquellos días, resulta tan pueril como el intento lamentable de algunos partidos para arrimarse a ellos sobre la marcha. Alguien me preguntaba, escéptico, si el Mayo francés había logrado realmente algo. Y claro que sí. No logró evidentemente lo que la Revolución de Octubre ni creo que nadie de aquellos estudiantes -muchos de ellos después fueron políticos de derechas y de izquierdas- esperasen un resultado tan espectacular y tan cruel por otro lado. Pero cambiaron la forma de sentir la política en la vieja Europa, no le quitaron el luto de las dos guerras pero si lograron aflojar el nudo de una corbata negra que ahogaba la entrada de unas nuevas generaciones y desatascaron las anquilosadas tuberías de un sistema caduco, triste, amargo.
Con el 15-M pasó un poco lo mismo. Dejaron claro algo que pensamos una inmensa mayoría y es que este democracia de partidos siempre al borde de la corrupción y el recorte de libertades en nombre de una seguridad mal entendida, no es la democracia que unos -por edad- ayudamos a traer y otros viven de forma desencantada. Naturalmente que la asamblea como sistema de gobierno o de toma de decisiones no es viable aunque resulte hermosa. Naturalmente que no ofrecieron una alternativa a un capitalismo sin alma. Claro que no; dijeron, dijimos, que no nos gustaba ni esta política ni estos políticos, que un estado hombres libres no puede levantarse sobre la base de unos partidos corruptos y que algo debe cambiar si aun nos preocupa el futuro.
Luego el 15-M se llenó de turistas, de violentos, de interesados y se fue diluyendo hasta este primer aniversario. Puede que no vuelva surgir otra oleada como aquella y sólo queden imágenes manipuladas en su mayoría por unos y por otros. Pero el grito de entonces aun resuena y el desencanto se hace abstención y desprecio por este orden establecido en los que los únicos que no tiene libertad para hablar cuando quieran son, precisamente, los que elegimos para que nos representen: según el gesto del que gobierna el redil, así balan la ovejas: si, no, abstención. Y disciplina de voto. Y dinero para campañas en las que se promete todo lo contrario a lo que después se hace. Que sigan por ese camino y ya verán que poco tarda alguien en ordenarnos que nos pongamos de pie en señal de respeto al líder. Da escalofríos solo de pensarlo/recordarlo.
Obedeciendo la orden disparatada -y desesperada- de Groucho Marx, aquellas dos palabras inolvidables: “¡más madera!”, sus hermanos iban destrozando uno a uno los vagones del tren hasta que al final quedaba sólo la locomotora. Cualquiera en una situación semejante, habría buscado una solución más coherente, pero se trataba, claro de una película cómica y de unos genios del absurdo. ¿O no?
Es que esta historia de la crisis, y las soluciones que ofrecen unos y otros, se va pareciendo cada vez más a la escena de los Marx. Sólo se trata de cambiar la madera por la media docena de palabras que están en la mente de todos: más impuestos, más recortes, más ajustes, más dinero para la banca… y la locomotora, ay, sigue desbocada hacia nadie sabe dónde mientras va perdiendo vagones, puestos de trabajo, crecimiento etc. Y el problema, que no es sólo de España, se agrava en nuestro país y se va a agravar ahora en Europa, porque ni siquiera los hermanos de Groucho se ponen de acuerdo en si se necesita más madera o moderar la velocidad de la locomotora.
Rajoy hace ahora el papel del alter ego de Groucho como antes lo hizo Zapatero, pero sólo medias, porque Groucho es naturalmente Merkel empeñada en que la locomotora siga a toda marcha caiga quien caiga. Y de la misma forma que a Merkel le ha salido Hollande, a Rajoy le ha salido Griñán, pero de eso ya hablaremos en su momento porque, como tengo escrito, dudo mucho que el electo presidente de Francia sea capaz de llevar a cabo su programa y ni quiero opinar sobre un Griñán que no se sonroja cuando afirma que Andalucía tiene su propio camino de recuperación que no es el del Gobierno Central y resulta que después de no sé cuantos años de gobierno socialista, presenta unas cifras de paro, subsidios, corrupciones y deuda (la deuda ni siquiera la presenta) que claman al cielo. ¡Menudo plan el de Griñán!. En fin.
Y es que uno ya no entiende nada. Se va Rato -seguramente cuatro días antes de que se recomiende prescindir de él- y ofrece en el comunicado de renuncia unos datos que, leídos sin más, son como para coger todos los ahorros de tu vida y ponerlos en acciones de Bankia. Pero es que en la página siguiente, el Gobierno advierte que el próximo viernes va a tener que inyectar -otra vez- ni se sabe cuántos millones para salvar a Bankia y otras entidades del desastre previsible. ¿Alguien nos puede decir la verdad? Si, acudamos a la oposición, al señor Rubalcaba.
Y el señor Rubalcaba ni entiende ni admite -insisto, en la oposición- que se use dinero público para salvar bancos cuando se recorta en sanidad o educación. Decir estas cosas crea adeptos, pero Rubalcaba sabe perfectamente que es pura demagogia y una irresponsabilidad en estos momentos; y lo sabe porque ha estado en muchos gobiernos y conoce perfectamente la importancia del sector financiero, ese que era “el mejor del mundo” según su ex jefe ZP y, por lo visto, no.
No tenemos políticos ni en España ni en Europa y, cada día más, lo que se constata es la crisis de los partidos que han perdido la credibilidad y la esencia de lo que realmente deben ser para convertirse en extrañas factorías de poder, corrupción y amiguismo. Por ese descrédito de los viejos partidos, por su propia inmoralidad, salió un tipo como Berlusconi y de ese descrédito ha salido Amanecer Dorado en Grecia con unos matones que obligaron a los periodistas a levantarse cuando su líder entra en una sala de prensa: “¡Levantaos todos y mostrad vuestros respetos al líder!” ¿Hacia dónde va Europa y quién puede poner freno a este desastre?
Esto se va complicando y a un porciento muy grande de ciudadanos les cabrea que todos los recortes caigan sobre las espaldas calladas siempre de los mismos. Unos recortes, por cierto, que se esperaban y otros, los más, que se han añadido por el camino. El país estaba dispuesto al sacrificio, incluso estaba dispuesto a ir un poco más allá si a cambio veía que se ponía fin a los escándalos, que se cerraba el grifo del derroche y se pedían responsabilidades (y en su caso devoluciones) a quienes se lo habían llevado crudo. El ciudadano medio estaba muy por la labor de colaborar en el esfuerzo de todos y me temo que se ha sentido defraudado. El ex ZP hacía minirecortes que no servían para nada y se inventaba frases que eran imposibles aunque sonaban bien. Su política económica primera fue desastrosa y dilapidó un dineral sin conseguir otra cosa que disparar el déficit; su reforma laboral fue lenta e ineficaz y su frase/proyecto más famosa la lanzó sin saber muy bien, ni él ni sus ministros, a qué se refería: el tan mentado proyecto de un modelo de “economía sostenible”. Lo cierto es que el modelo no sostuvo nada y nos dejó en ese borde del precipicio en el que llevamos viviendo desde entonces.
Y en esas llegó Rajoy cambiando el nombre de un día de la semana, justo en el que se reúne el Consejo de Ministros y así aprendimos el nuevo nombre: miércoles, jueves, chirriar-de-dientes, sábado, domingo etc. hasta el siguiente crujido del siguiente viernes y los que nos quedan, que ya ha anunciando que esto no ha hecho más que empezar. Y lo que me temía llegó con de Guindos: ya tenemos frase imposible porque el ministro pretende pasar de la economía del ladrillo a la “economía del conocimiento”.
Y lo que no vale -a mí no me vale al menos- es denunciar lo que parecía mal del Gobierno del PSOE y no ver lo que resulta criticable en este aun joven Gobierno de Rajoy. Todas las frases son hermosas y cómo no estar a favor de una economía sostenible o de esta otra basada en el conocimiento; pues claro que estamos a favor, pero lo mismo que dije a ZP se lo digo hoy a Rajoy: y eso ¿cómo se hace?
¿cuánto se tarda? ¿qué se invierte? Porque, para empezar, un “modelo” económico es un intangible que no se varía a golpe de decreto salvo si eres Chavez o Cristina Elisabet Fernández (de los Kirchner de toda la vida). Quiero decir que si no vas por la calle diciendo: “exprópiese” y otras maldades, pues no es fácil, ni mucho menos rápido, cambiar toda la estructura económica de un país que, además, está en una situación crítica con más de cinco millones de parados y creciendo, que además pertenece a un club al que ha cedido parte de su soberanía y toda su moneda, que además no tiene un euro que llevarse al gasto y que además se siente en la obligación de mantener un estado insostenible con 17 miniestados que van por libre. Y eso, me temo, es así.
Y la gente se cabrea, señor Rajoy, no sólo por lo que usted ha subido y dijo que no iba a subir sino, sobre todo, porque no ha quitado lo que todos esperaban que quitara: muchas más empresas públicas, el total de las alegres subvenciones a patronal, sindicatos y partidos y otras obras de dudosa solidaridad interior y exterior, sueldos inmorales, jubilaciones de escándalo, prebendas de unos pocos y un largo etcétera que, cuando quiera, me invita a un café en Moncloa y se le detallo por orden alfabético. Recortar un 5% a un funcionario o congelar una pensión vergonzosa es muy duro, pero bajar un 20% una subvención con muchos ceros que nunca debió existir, no es nada, pura imaginería. ¿Más? Pues más: ¿cómo es posible, éticamente, que expresidentes estén en los consejos de administración de las eléctricas? ¿Y lo de la señora Salgado no es ilegal? Así no. O nos ajustamos todos o ya verá como se rompe esta baraja.
Aunque nunca ha sido mi costumbre en más de cuarenta años de profesión polemizar con quienes no estaban de acuerdo con mis palabras en prensa radio o televisión -me limito a dar mi opinión no a estar en posesión de la verdad y entiendo, respeto y hasta agradezco las discrepancias- si me gustaría puntualizar algunos extremos sobre la avalancha de reacciones en redes sociales y algunos diarios digitales provocado por mi “Carta a Cayo Lara del padre de un hijo tonto”.
Dejo al margen los insulto habituales con los que me obsequian los de siempre y tampoco hago mención de la inmensa mayoría que se solidarizó con la columna y la hizo suya. Me limito pues a aclarar algunos puntos que se repiten puntualmente en las críticas hechas desde la buena voluntad.
1- Al parecer Cayo Lara explicó posteriormente sus palabras y me disculpo por no haber oído esa explicación que nunca negué en mi artículo y así lo expresaba claramente: “y no he visto que haya pedido disculpas por ello, puede ser, pero yo no lo he leído.”
2- En prácticamente todas las discrepancias se me remite al diccionario de la RAE pero sólo citando la primera acepción de “tonto”: “Falto o escaso de entendimiento o razón” y nada se dice de que también la RAE se refiere a quien “padece cierta deficiencia mental “.
3- Se me recrimina que Cayo Lara utilizaba una expresión coloquial que yo había exagerado intencionadamente. En mi carta se decía: “Sabemos que no era su intención, faltaría más, pero cuando algo se dice sin intención, es lícito pensar que de alguna forma funciona el subconsciente”
4- Se me recuerda también algunos casos de monarcas como Carlos II y se me plantea si sería aceptable un heredero así. Pero el problema que yo pretendía exponer desde mi propio republicanismo es que no hay que ir a esos casos para no aceptar la monarquía, sino al hecho intelectualmente inválido de que un hijo, por el hecho de serlo, herede la jefatura de un estado y así lo decía también en el articulo: “No entendemos que alguien por el hecho de ser hijo de, tenga que ser jefe de un Estado. ¿Y si sale tonto? ¿Tenemos que cargar con un jefe del Estado tonto?” La primera frase incluso la comparto plenamente, pero en la segunda”.
5- Hay quién quiere ver en mi carta un tinte ideológico y se pregunta si escribí algo cuando Celia Villalobos se refirió al “tema de los tontitos”. No escribí entonces una carta pero sí dije todo lo que pensé que tenía que decir -y fue mucho- en una tertulia de televisión a la que entonces asistía. No hay política.
Y por mi dejo cerrado el tema. Mi carta era una queja por la utilización -aun- de un lenguaje que puede herir y doler y así también lo explicaba en mi carta: “Sé que algunos van a entender que exagero, que saco las cosas de su contexto, que voy más allá de lo que en realidad no deja de ser una expresión casi coloquial. Y ese es precisamente el problema, que se hayan convertido en algo coloquial adjetivos como subnormal y derivados”. Los que no quieran ver el espíritu de mi carta dolida, no lo van a ver diga lo diga y explique lo que explique. No tengo nada ni a favor ni en contra del señor Cayo Lara aunque nos une -como a otros muchos de IU o no- la idea de que las monarquías son, lo vuelvo a repetir, inaceptables desde la más elemental reflexión intelectual. Pero del mismo modo, hay una abundantísima literatura sobre esa expresión “nos sale tonto” o “cargar con un hijo tonto” que no es -se cite el diccionario que se cite- ni afortunada ni respetuosa. Me reitero pues en todo lo escrito salvo en las explicaciones que en su momento pudo dar Cayo Lara y que yo no he leído.