Sociedad

Comité Científico del Consejo de Farmacéuticos Españoles

Recomiendan el agua de un manantial de Lanjarón para la regeneración cutánea

miércoles, 27/08/2008 11:38

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Expertos en farmacéutica han recomendado las aguas mineromedicinales del manantial La Capuchina de Lanjarón para la regeneración de pieles muy sensibles que sufren el acné rosácea, "una alteración que se produce en la civilización por extremar la higiene".

Así lo ha asegurado hoy a Efe uno de los miembros del Comité Científico del Consejo de Farmacéuticos Españoles, José Manuel Carbajo, quien ha participado en la tercera edición del curso "Lanjarón: Agua y Cultura" que se celebra en el balneario de la localidad granadina para analizar el agua desde el punto de vista de las artes, las ciencias, la música, el juego o la cosmética.

El manantial de La Capuchina es uno de los seis de aguas mineromedicinales, todos únicos, que el Balneario granadino utiliza para la prevención y el tratamiento de determinadas afecciones.

En el caso de La Capuchina, se recomienda beber su agua por sus acciones depurativas al tener una mineralización fuerte y ser bicarbonatada, clorurada, sódica y cálcica.

Sin embargo, también es idónea para pieles muy sensibles que sufren acné rosácea u otro tipo de enfermedades como la urticaria, según Carbajo, para quien el agua mineromedicinal "ha pasado de ser un elemento pasivo a un elemento activo" en el sector de la cosmética.

Sus propiedades antioxidantes son preventivas del envejecimiento cutáneo, mientras que el silicio que alberga es un componente calmante.

En este sentido, el experto ha explicado que investigan la posibilidad de usar cosméticos con aguas mineromedicinales en personas con patologías como la psoriasis, una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, que produce lesiones escamosas, engrosadas e inflamadas.

Aunque el producto cosmético no podría curar o eliminar la enfermedad, Carbajo ha señalado que su aplicación "daría confort" a estos pacientes.

El manantial de La Capuchina tiene su nacimiento en una pequeña mina y las aguas son conducidas hasta una caseta donde acuden las personas a las que se les ha prescrito su consumo.

Lanjarón dispone de un valioso testimonio literario, como las palabras escritas a Manuel de Falla por Federico García Lorca en 1926: "Mi madre ha tenido unos fuertes cólicos hepáticos y hemos tenido necesidad de venir a Lanjarón con gran prisa. Gracias a Dios esta agua de La Capuchina la ha puesto buena con una rapidez milagrosa".

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