Cultura | Granada
Forma y contenido
La compañía granadina “Remiendo teatro” en el Alhambra con una obra premiada por la SGAE
José Manuel Ruiz Martínez
NN12 transcurre en un laboratorio forense (magníficamente ambientado: la puesta en escena es, sin duda, lo mejor de esta producción) en el que, tras el descubrimiento de una fosa común, se va a tratar de determinar la identidad de unos restos, los únicos encontrados pertenecientes a una mujer. “NN12” es el nombre con el que se etiquetan dichos restos: las iniciales de nomen nescio, esto es, “nombre desconocido”, más un número identificativo.
NN12 trae a colación un problema estético ya antiguo, que en los últimos tiempos, tan moralistas, vuelve a producirse: las relaciones, en una obra artística, entre forma y contenido. Si Adorno prefería las obras de Beckett a las de Sartre —y el tiempo parece haberle dado la razón— aun cuando en ambas se abordara, por ejemplo, el problema del absurdo, era porque mientras en las del segundo la cuestión aparecía en el contenido, esto es, los personajes discutían sobre el absurdo en diálogos racionales e impolutos, en las del primero la obra misma era el absurdo. El teatro de Sartre podía suscitar reflexiones en el espectador, pero en absoluto lo incomodaba ni lo enfrentaba con el sinsentido de su existencia; más bien, con su estructura convencional, evidenciaba la existencia de un orden aunque los personajes en sus parlamentos lo negaran, y permitía el asentimiento racional a sus argumentaciones. Por el contrario, las obras de Beckett sí incomodaban al espectador porque cuestionaban la posibilidad de sentido desde lo más profundo: desde la propia estructura discursiva de la obra, trastocando las expectativas de recepción del público, que cree saber lo que es una obra de teatro, la espera, y se encuentra con otra cosa.
NN12 adolece de este problema: el exceso de didactismo, de intención moralizante directa, cuya consecuencia es lo obvio de su contenido. Éste, en cuanto tal, es terrible, y lo es más aún porque remite a hechos reales que se han producido demasiadas veces a lo largo de la historia contemporánea. Pero desde el punto de vista formal, la obra es trivial y previsible: verdugos y víctimas, necesidad de recuerdo y justicia, que, además, al final de ésta, se producen, con la consiguiente reparación y catársis. El espectador habrá podido horrorizarse ante los hechos expuestos como podría hacerlo leyéndolos en un periódico, pero en ningún momento ha sentido la menor incomodidad derivada de su enfrentamiento con una obra de arte; al contrario: conducido por ella, se alinea, lógicamente, con las víctimas inocentes y contra los verdugos y vuelve a casa reconfortado después de que le hayan recordado que él es una buena persona. Si la obra hubiera transcurrido en un lugar y un tiempo concretos, aunque quizá hubiera sido tachada de tendenciosa u oportunista por parte de algunos, al menos habría tenido un valor documental, informativo. Al ser deliberadamente abstracta (decisión tomada por otra parte con la mejor de las intenciones, según se desprende de las declaraciones de la autora), NN12 se convierte en una alegoría, válida para todas las situaciones de ese tipo, pero por eso mismo simplista, cargada de una moralina obvia y estupefaciente: en el mundo hay violencia, buenos y malos, y los buenos deben hacer justicia para que los malos no ganen. Claro. Al final de la obra pareció por un momento que ésta remontaba el vuelo cuando, de repente, la víctima y el verdugo se ponen a bailar: he ahí un magnífico momento de extrañamiento bretchiano, verdaderamente inquietante para el espectador, y que abre la puerta a la ambivalencia y la contradicción: al Arte… Pero no: era sólo la escenificación de un recuerdo, y pronto el torturador vuelve a revelarse como lo que es y la obra a su cauce previsible.
Las interpretaciones de los actores no ayudaron mucho tampoco: forzadas, poco realistas y con una dicción verdaderamente deficiente (no se salvaba ni un diptongo: “ma dicho”; “ca hecho” “dacuerdo”: y se hablaba en un registro culto, que conste). En definitiva, una obra de cuya buena intención moral no cabe dudar, pero que, desde el punto de vista artístico, que es lo que cuenta, arroja un saldo más bien pobre.
- NN12. Remiendo Teatro. Autora: Gracia Morales. Dirección: Juan Alberto Salvatierra
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“conducido por ella, se alinea, lógicamente, con las víctimas inocentes y contra los verdugos y vuelve a casa reconfortado después de que le hayan recordado que él es una buena persona”.
Señor Ruiz, siento mucho que a usted le pase lo contrario, que se alinea con los verdugos y vuelve a casa pensando que es una mala persona.
Por cierto, todos conocemos a Sartre, Adorno, Bretch y todos los autores y teóricos del teatro del siglo XX, lo que no nos impide disfrutar del teatro cuando vamos a verlo.
Míreselo usted, a lo mejor debería dedicarse a otra cosa.
Si como bien dice el seudo-critico Sr.Ruin,que la obra no se sitúa en ningún tiempo histórico.¿Porque este la sitúa en Paracuellos ó en Camboya? en nuestro país España hubo mas sitios donde todavía existen personas en las cunetas sin identificar,asesinatos cometidos por una dictadura militar,Paracuellos fue un acto cometido dentro de una guerra incivil provocada, el resto de asesinatos se cometieron después de esta contienda,por lo tanto tenemos que ser mas imparcial si es que somos o nos calificamos de periodista. Como bien dice el otro comentario creo que se debe dedicar a otra cosa.
Con todos los respetos para José Manuel Ruiz, estoy de acuerdo con los comentarios anteriores: dedíquese usted a otra cosa, por ejemplo, al teatro, y luego quizá pueda permitirse el lujo de criticar lo que conoce. Porque su texto está plagado de sinsentidos, referencias inconexas, poco rigurosas y metidas con calzador. Quizá haya leído usted algunos libros, y le guste citarlos, pero para hacerlo primero hay que reflexionarlos y madurarlos como para exponerse a hacer el ridículo en un medio pretendidamente riguroso como es Granada Digital.
Escirbe usted: “…la obra es trivial y previsible: verdugos y víctimas, necesidad de recuerdo y justicia, que, además, al final de ésta, se producen, con la consiguiente reparación y catársis.” ¿Qué habrá querido decir? Su sintaxis es espectacular.
Añade en otro párrafo: “El espectador habrá podido horrorizarse ante los hechos expuestos como podría hacerlo leyéndolos en un periódico, pero en ningún momento ha sentido la menor incomodidad derivada de su enfrentamiento con una obra de arte: al contrario; conducido por ella, se alinea, lógicamente, con las víctimas inocentes y contra los verdugos.” ¿Menor incomodidad derivada de su enfrentamiento con una obra de arte? Por favor, Sr. Ruiz, la frase le ha podido quedar bonita en este caso, pero no la copie sin antes entenderla y poder aplicarla. ¿La incomodidad no conduce a nada? ¿O es que como es cómoda conduce? Y así hasta el infinito.
Tercer ejemplo: “Si la obra hubiera transcurrido en un lugar y un tiempo concretos, aunque quizá hubiera sido tachada de tendenciosa u oportunista por parte de algunos, al menos habría tenido un valor documental, informativo.” ¿Por quién precisamente, por el propio ‘crítico’ que esto afirma? ¿Volvemos a entrar en Brecht y en Sartre, o mejor en Beckett para rematar el absurdo de tal frase?
Sr. Ruiz, no nos haga perder el tiempo ni lo pierda usted tampoco: dedíquese a la crítica de la música zulú.
Estoy de acuerdo. Creo que la obra es de muy buenas intenciones pero a mi me aburrió muchísimo, y las interpretaciones no ayudaron.