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De la bufanda del FC Barcelona al arroz caldoso, cuando la libertad es palpable

CONTRACRÓNICA | Miguel Montes Neiro ha hecho borrón y cuenta nueva, aunque advierte que tiene mucho que contar. Su caso no termina con el indulto

Texto: Luis F. Ruiz | Fotos: Álex Cámara - Albolote (Granada)

Miguel Montes corre junto a sus dos hijas cogidas de la mano. Foto: Álex Cámara

En el Centro Penitenciario de Albolote, o en sus inmediaciones, este miércoles no ha sido un día cualquiera. Pese a que los funcionarios de Instituciones Penitenciarias han tenido que levantarse a la misma hora.

Pese a que el menú entre rejas no ha variado respecto al previsto. Pese a que la vida sigue siendo igual de dura para quienes un día hicieron lo que no debieron. Solo había que mirar que en el aparcamiento no había coches, sino algo más.

Más de medio centenar de periodistas, cámaras y fotógrafos aguardaban en las inmediaciones de la prisión para captar la que ya es, sin duda, una de las imágenes del día, del mes y del año. Y lo es porque Encarna y Carmen, y su abogado, Félix Ángel Martín, se han empecinado hasta la saciedad en distribuir lo que entendían como una injusticia.

No es menos cierto que muchos de ustedes estarán pensando en las víctimas (no mortales) que pudieron sufrir los delitos cometidos por Montes Neiro, pero acaso, ¿no merecen las personas una segunda oportunidad? Y con esas, la libertad para Miguel este miércoles ha sido palpable, más que con sus manos, con los pies, los que le han permitido andar sus primeros metros como reo indultado. Cosas del destino lo ha hecho con presencia de la Guardia Civil, aunque en este caso, no para evitar su fuga, sino para impedir un atropello o algún accidente.

La hermana de Miguel Montes, a su llegada a la cárcel. Foto: Álex Cámara

UNA MAÑANA LARGA

La mañana de este 15 de febrero no será olvidada ni por el propio expreso ni por la familia, que desde primera hora de la mañana llegaba a las inmediaciones del Centro Penitenciario de Albolote para poder disfrutar de la ansiada libertad de Montes Neiro.

Era Encarnación Montes, Encarna para los periodistas, la encargada de ofrecer las primeras declaraciones de los allegados poco antes de las nueve de la mañana. Ilusionada, nerviosa… Ella misma, la mujer que se ha encargado de pedir hasta la saciedad el indulto una y otra vez ante los medios, acostumbrada de sobra a hablar ante los micrófonos, no sabía cómo esconder la inquietud que le generaba pensar que éste sí era el día de verdad.

La relación periodistas-familia no ha sido una más: “Habéis ido cayendo uno detrás de otro. Uno con un boli, otro con un micro… Sin vosotros -los periodistas- hoy no estaría en libertad”. Y que quieren que les diga. La ingratitud está a la orden del día entre imágenes, textos y fotografías. Que alguien reconozca que la labor de unos pocos ha servido de muchos, para una profesión que no atraviesa por su mejor momento es, cuando menos, muy gratificante.

Saltos de alegría y hasta cánticos de “Libertad, Libertad”, la épica canción que hicieron popular allá por los años 70 Jarcha (Libertad sin ira), ha sonado de las cuerdas vocales de las hermanas de Montes Neiro antes de que saliese de la prisión.

Foto: Álex Cámara

Éstas han sido las encargadas de ir informando, minuto a minuto, de todo cuanto acontecía. “En menos de una hora”, decía Carmen a los periodistas. Tiempo que se fue disminuyendo hasta que uno de sus familiares gritó: “Que sí, que es él”, mientras se vislumbraba dentro de la prisión a Miguel Montes en una pasarela acristalada, visible desde el exterior, y desde la que el propio exreo saludó a los suyos y a los periodistas que lo esperaban.

Entonces se inició la locura-madre. Unos aplausos auguraban que la salida de Miguel era inmediata en el dintel de las frías puertas amarillas que separan la libertad de una condena.

Rodeado por los suyos, como ya habrán leído, se aproximó ante la marabunta de cámaras, fotógrafos y periodistas que aguardaban su salida. Entonces Miguel Montes se detuvo, atendió a las peticiones de los gráficos. Abrazó y besó a sus hijas y se asustó cuando vio cómo la mayoría de periodistas montaba en cólera porque un compañero había aprovechado su conexión en directo para sacar las primeras palabras, en primicia, del exreo.

Pero una de las sorpresas fue ver a Miguel sin la bufanda del equipo de sus amores, el FC Barcelona. ¿Que por qué? Sus hermanas había comunicado que él mismo la portaría para mostrar su afición a este club y por la victoria de anoche. Pero la bufanda no estaba, aunque los colores, como todo, pueden ir por dentro.

Foto: Álex Cámara

PRIMEROS PASOS LIBRE Y PRIMERAS BROMAS

Pero la mañana no terminó ahí. Miguel Montes Neiro cogió el camino, con una hija a cada lado, y empezó a andar hasta llegar al cruce de la carretera que une la N-323, antigua carretera de Jaén, con Colomera. Incluso hasta corrió sin soltar ni un instante a sus “diosas”.

A cada paso que daba decía algo nuevo, eso sí, intercalado con las primeras caladas de un pitillo mil veces soñado, fuera de rejas.

“El billete de vuelta no lo he sacado”, llegó a bromear Montes Neiro con los periodistas, en alusión a que no esperaba volver y de ahí, al coche que lo iba a transportar hasta un asador en Alhendín, donde el arroz caldoso fue el plato para toda la familia en un día que recordarán para siempre.

Es lo que tiene cuando la libertad se palpa. Cuando esta es plena. Y sobre todo, cuando aunque no se reconozca, se está arrepentido de lo hecho. Miguel tiene permiso para empezar de cero. También derecho.


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